Las noches de los jueves, para un estudiante universitario, son sagradas, y su visita a las diferentes parroquias fiesteras se convierten en la mejor rutina de cada semana. Sin embargo, el despertar del viernes no es tan sencillo, y menos aún el de hoy.
Eran más o
menos las 3 de la tarde, recibo un sms de mi padre que me despierta. A
duras penas consigo atinar para agarrar el móvil sin lanzarlo al suelo y
pulsar el botoncito de ''ver''. Rezaba el siguiente mensaje: ''¡¡¡ Tito
Vilanova !!!''
Lo cierto es que le hemos concedido a Vilanova el
gran título que se merecía. Pupilo y a la vez gran confidente del
ilustre míster culé, ha pasado todas las alegrías (más, incluso, que las
que merece cualquier equipo) y todas las penas del equipo, conoce a la
perfección todas las sensaciones del club, es el pariente más cercano
que tenemos, y, después de perder al más preciado, no vamos a correr el
riesgo de desintegrar la familia en un abrir y cerrar de ojos. Puede que
haya entrenadores mejores, pero éste ha sido la prolongación del mejor
de la historia.
Bienvenido Tito (ahora Mou va a tener que empezar a familiarizarse con su nombre), hasta otra, Pep.
Las
alegrías no duran para siempre, y las desgracias tampoco, pero el Pep
es diferente. Yo gesté mi sentimiento blaugrana casi desde la cuna,
recuerdo que mi padre me asustaba cuando gritaba gol y yo me derramaba
por encima mi rico batido de fresa que me había preparado mi madre. Y no
me llevé demasiados sustos, la verdad, porque de pequeño nunca vi a un
Barça ''grande'': Le tenía miedo a todos los equipos, el Valencia y el
Real Madrid se lo pasaban teta con el equipo de mis amores. Antes de ver
al Barça alzar la orejona por 2ª vez (bendito seas Rijkaard) había
visto la 7ª de Pedja, la 8ª de Raúl y la 9ª de Zidane, así como un
Valencia que, juguetón contra el Barça en liga, no probaba la misma
suerte en la champions, pero llegaban a la final. Dos seguidas para ser
exactos: Effenberg y Raúl les arruinaron las últimas fiestas europeas
del siglo pasado.
He aprendido a perder con el Barça porque
siempre tocaba, el pesimismo culé se ha llevado casi siempre en el
escudo, por ello, uno no está preparado para acumular tanta alegría en
un espacio tan corto de tiempo y a soltarla en un espacio aún menor.
Josep Guardiola i Sala le ha regalado al Barça 12 títulos (a la espera
de ver que pasa en la Copa de S.M. el Rey de este año) en 4 años: Una
perfecta media de triplete por año. Ha derrotado al Real Madrid, nuestro
gran homólogo de este deporte, en 9 ocasiones, dejando sólo 2 alegrías
para los blancos.
Pero ha llegado su hora y yo no tengo palabras
para agradecerle todo lo que ha hecho por mis colores y mis
sentimientos, se ha dejado querer y se ha ido, obligándonos a querer a
otro. No quiero dar las gracias por lo que ha hecho, porque sería
quedarme corto, mucho. Quiero que sea consciente de que el barcelonismo
llorará su pérdida como la peor derrota de todas. Hemos caído ante Real
Madrid y Chelsea, perdiendo dos títulos en una semana, pero este era el
peor título que se podía perder.
Toca levantarse, pero por el bien de todos, Guardiola, cuando te sientas ''lleno de energía'' otra vez, por favor, vuelve.
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